Un cuento sin nombre. Part 4

Posted: jueves, 3 de mayo de 2012 by Juan L. in
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Un mar de lagrimas.

Al salió desesperadamente de la casa de Al con la esperanza de poder ocultarse en el oscuro bosque antes que las criaturas lo atraparan.
Corrió con todas sus fuerzas para poder huir, y justo cuando estaba a punto de quedarse sin fuerzas para seguir corriendo se encontró con una torre de marfil increíblemente alta, tanto que la vista no alcanzaba para poder ver la sima de esta pues se perdía entre las nubes que habían cubierto el cielo oscureciéndolo y sumergiendo el paisaje en una oscuridad tan profunda como la del mismo universo.

Al se acercó rápidamente a la puerta de la estructura con la esperanza de poder resguardarse ahí, y para su suerte así fue, así que abrió la pesada puerta y entro dejando a sus espaldas los horribles gritos de las criaturas en la oscuridad.
Cuando cerró la puerta a sus espaldas ya no estaba ningún faro, se encontraba de nuevo fuera pero no en el mismo bosque donde estaban las criaturas, sino que ahora estaba en la noche del desierto y lo único que se escuchaba era el aullido de los coyotes.
Comenzó a caminar por la suave arena dejando a sus espaldas solo la gran puerta del faro y nada más. Se percató de que la arena era de tan suave y tan fina que le inundó el alma de una tranquilidad tan grande que se sintió de nuevo seguro.
Después de unos minutos su cuerpo estaba tan relajado que decidió pasar la noche en la cálida arena bajo las estrellas, se recostó y solo se preocupó por relajarse y no pensar en nada más. Su cabello se agitaba con la suave brisa y poco a poco se sumergía en la arena. Poco a poco fue envuelto por el desierto, como si fuera cobijado por el universo en una suave cama de tranquilidad. Al se fue hundiendo cada vez más y más hasta que finalmente la arena se lo tragó.
Por un momento Al sintió que se quedaba sin aliento, después solo sintió como empezó a caer en la oscuridad, pero a él no le importó, pues aun estaba relajado y a penas consciente, pero poco a poco su tranquilidad se convirtió en tristeza, una tristeza tan abrumadora que exprimió su corazón a tal grado no pudo hacer nada más que ponerse a llorar.
Mientras más caía mas triste se ponía, era como si la profundidad de su caída aumentara su tristeza. Lloró y lloró, tanto que sintió que no podía llorar más y sin embargo seguía. Al llegar al fondo cayó sobre un enorme mar, un mar de lagrimas, fue entonces que la tristeza que sentía cesó y finalmente dejó de llorar.
Era un escenario sorprendente, se encontraba nadando en un mar tan grande que no podía ver nada mas que la oscuridad en la que estaba sumergido. A lo lejos Al alcanzó a divisar un pequeño rayo de luz, así que nadó rápidamente hacia él; se trataba de una pequeña isla de roca, sin nada más que unas cuantas algas y una escalera que descendía desde la fuente del rayo de luz, increíblemente alto.
Al llegó a la isla y se apresuró rápidamente a llegar a la escalera, era una escalera de madera y cuerda, parecía segura, así que se dispuso a subir por ella.
Empezó su ascenso y conforme más subía se percató de que había un sonido extraño en las alturas y un tenue resplandor azul, al principio parecía ser una especie de chillido, luego se convirtió en un sonido confuso. Cuando subió lo suficiente encontró la fuente del sonido y del resplandor azul, se trataba de notas musicales voladoras, cada una entonaba una nota y un tiempo diferente.
Cuando las notas sintieron la presencia de Al empezaron a agruparse rápidamente y entonaron una melodía bien organizada, una canción que le devolvió el animo a Al, quien recuperó también sus fuerzas y llegó finalmente hasta arriba, donde las cosas darían un nuevo giro.

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